Ya es el mediodía, el fin de semana está empezando, y por lo que se ve, afuera es un loquero de gente, el sol no sé por qué está tan brillante y yo acá con este vestido incómodo, no sé cómo lo pudo haber soportado su dueña, eso sí tiene lindos colores, pero el corte, quién lo habrá hecho. Los de allá del frente, esos sí que son lindos, ja cuando iré a vestir uno de esos, y bueno es que son de buena marca, de acá se nota la confección, para mostrar uno así voy a tener que esperar que una ricachona, como dice la dueña acá, ya no quiera usarlo o quizás el año que viene, total un año o dos y chau, pasó el furor, lo traiga para venderlo de segunda mano como los otros que hay en el local.
Pensar que yo creía que iba a lucir ropa elegante, nueva, de alta costura, como los del frente, esos maniquíes, sí la pasan lindo y empilchan de primera. Para nosotros los maniquí también nos cabe la división de clases, pero en fin acá estamos, poniendo el cuerpo mostrando esta ropa usada, y la tengo que lucir como los del frente, sino no entra nadie a comprar y voy a terminar en el container que está en la calle. Por lo que veo, no solo la división de clases nos alcanza, sino también la necesidad de trabajar y vender.
Qué vida que tenemos los maniquíes, años parada acá luciendo lo mejor posible y el tiempo te va pegando despacito, pero sin pausa, se te resecan los plásticos, las fibras de vidrio se van despegando por el tiempo, y que no vayas a tener un golpe y se te salte un pedazo de material. Al fin y al cabo, cuando nos ponemos viejos… también vamos a parar al tacho. Y después dicen que somos muñecos que no tenemos vida.



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