Octubre empezó con un día de calor donde la primavera parece estar quedando atrás, habían pasado unos días que Marco Antonio y Judith se habían conocido. Ya es hora de vernos nuevamente, pensó Judith, que había estado en esos días pensando que hacer, si llamar al teléfono de la tarjeta que le dio el gerente, pero no era muy apropiado y además no se vería muy bien, o se apersonaba bajo algún pretexto al banco. No dio más vueltas sobre el tema y tomo la determinación de llegarse a la sucursal del banco y buscar la manera de llegar a él.
Al día siguiente, Judith se preparó para ir al banco, tuvo que ser precisa en la forma de vestirse era condición excluyente, pues era menester captar la atención de Marco Antonio. Una blusa top con sus hombros descubiertos color negro con lunares blancos, pantalón acampanado blanco, una elegante cartera negra, un sombrero de canotier de paja, sandalias negras y bijouterie en dorado, rematado con un delicado perfume de CH, fue la vestimenta elegida, pues parecía ser lo ideal para esa mañana. Mientras tomaba un desayuno en su casa y revisaba sus mails, las noticias e Instagram, elucubraba que pretexto utilizaría para atraer a su presa.
La ciudad era un caos, parecía que todo el mundo decidió salir justo cuando empezaba a arreciar el calor, Judith pide un taxi y baja en la puerta del banco gerenciado por Marco Antonio. Ingresó de manera elegante en su caminar y sus modales refinados, un empleado le preguntó que necesitaba a lo que respondió su deseo de hablar con el gerente para un trámite importante, la acompañó a secretaría y luego de esperar unos minutos Marco Antonio la hizo pasar a su oficina. En un instante el bancario pensó en sorprenderla quizás con un beso, pero el sorprendido fue él, Judith lo saludó con un beso sugerente en la comisura de los labios, donde le quedó la estampa roja del labial de Judith y ese perfume floral que lo atrapaba, ella saca de su cartera un pañuelo de papel tisú y lo apoya en los labios de él, mientras Marco Antonio le toma la mano y se limpia suavemente. La elegancia y el buen gusto eran marca registrada en Judith.
Marco Antonio le ofrece una silla en el frente de su escritorio y le pregunta:
MA: Que placer recibirla, a qué se debe la visita.
Judith se sienta en el extremo delantero de la silla con sus piernas juntas y levemente recogidas, sus manos sostenían su cartera apoyada sobre sus piernas, se tomó el sombrero se lo saca y lo deja en la silla contigua.
Jud: Estoy viendo de tomar un crédito, me interesa un proyecto y estoy viendo cómo financiarlo.
MA: Que interesante, de qué se trata el proyecto, tal vez desde aquí podamos hacer algo con esa financiación.
Jud: Bueno, estoy tratando de participar como parte societaria en la compra de una parcela para trabajarla como feedlot para engorde.
MA: Bien, y de cuánto sería el financiamiento, hay que pensar en armar una carpeta con la propuesta, el plan de negocios, flujo de fondos y otros documentos que son exigencia de la entidad.
Jud: entiendo, en principio estaríamos hablando de unos 800.000
MA: ¿dólares?
Jud: si, dólares.
MA: ok, va a tener que mostrar una buena rentabilidad el negocio para que lo aprueben. Si no te molesta, podría ayudarte a armar esa carpeta.
Jud: la verdad… estaba esperando que me dijeras eso. Me fascina la idea
MA: perfecto, estoy seguro no será muy complicado y también tengo la seguridad que la pasaremos muy bien.
Jud: eso es un hecho garantizado. ¿Nos vemos en el bar del otro día, mañana a la tarde?
MA: si claro, tipo 18 horas estará perfecto.
Judith se colocó nuevamente el sombrero y se pone de pie, en eso Marco Antonio dio la vuelta a su escritorio y la despidió con un beso en su boca carmesí.
Al salir del banco, ni bien Judith puso un pie en la vereda, de la nada apareció Julián, su hermano, quién le preguntó que estaba haciendo en el banco, Judith se justificó muy rápidamente y comenzó a caminar.
Jul: en serio pregunto, ¿qué estás haciendo en el banco? inquirió con cierta curiosidad.
Jud: ya te dije, un trámite y a visitar un amigo.
Jul: ¿Qué amigo? Vos no tenés ningún amigo en el banco, ojo con lo que haces, no te metas en problemas.
Jud: tranquilo, si tengo un amigo, es el gerente y vine a visitarlo.
Llegó a la esquina y doblo dejando a su hermano con más intrigas que certezas.
En la tarde del día siguiente, una ansiedad se iba apoderando de Judith mientras se preparaba para ir al encuentro con Marco Antonio.

El bar Le Village, en pleno centro de la ciudad, era el lugar del encuentro, Marco Antonio llegó a las 18 horas, como habían quedado, ya había reservado una mesa para ambos. De pronto suena el celular del gerente, era un mensaje de Judith, que llegaría unos minutos atrasada, fueron los 15 minutos más largos para Marco Antonio, pero un soltero de su edad, con una imagen cuidada, ya tiene algo de aplomo en su temperamento por lo que supo controlar su ansiedad. Se abrió la puerta del bar, el ambiente perfumado en citrus suave, las luces levemente tenues, y la música tan suave que apenas se escuchaba el saxofón de George Michael, ingresa ella con su cabello rubio lacio, vestida con un traje blanco con sus solapas y puños en negro, debajo del saco se veía solo el leve bronceado en su pecho, zapatos negros, taco aguja y una hebilla cuadrada con piedras aplicadas, a su paso Judith dejaba una sutil estela de Yves Saint Laurent, sin más estridencias, sin retoques en su rostro, se mostraba en todo su esplendor, se aproximó a la mesa y Marco Antonio, deslumbrado la recibió con un beso y le ofreció una silla, llamó al mozo y Judith encargó un San Francisco con un toque de vodka y Marco Antonio un Martini seco, acompañado de algunos ingredientes, así comenzó una larga y placentera charla, risas, miradas y algunos besos en la boca. Marco Antonio estaba disfrutando el momento, en tanto a Judith se la veía alegre en la ocasión, pero por momentos algo calculadora.
La noche transcurrió, y el banquero acepta la invitación de Judith de ir a su casa, allí ella le ofrece una bebida, se dirigen a la sala contigua al living, allí tenía un gran televisor de plasma que ocupaba casi una pared y un poderoso equipo de audio, pone música suave y se recuestan en un confortable sillón de tres cuerpos, comienzan a acariciarse y a besarse y después de un rato se dirigen a la habitación para pasar el resto de la noche. Al día siguiente ya temprano, comenzó a salir el sol y el Marco Antonio se despertó, fue al baño se higienizó y mientras se estaba vistiendo se despidió con un beso para ir a su casa a cambiarse, ya que tenía que ir a trabajar al banco, antes de salir, le propuso a Judith verla de nuevo, los ojos rojos, las ojeras y las facciones de Marco Antonio reflejaban que había pasado una noche agitada, pero se lo veía feliz y con una sonrisa brillante, Judith era el único pensamiento que tenía mientras se dirigía a su casa y lo mismo ocurrió en su camino al banco.
Judith aún desnuda en su cama, tenía facciones de placer y felicidad en su rostro, pero a diferencia de otras experiencias vividas con sus amores, algo empezó a hacerse presente dentro de ella, más allá de la sensación de felicidad, comienza a pensar y teme que algo cambie sus sentimientos, claramente había disfrutado de esta relación con Marco Antonio, pensaba en él a cada rato, comenzó a sentir la necesidad de estar más cercana, más próxima, tenía necesidad de él, como si se estuviera enamorando.
Gustavo