Esa es la casa de los eucaliptus, la del barrio lleno de flores, esa casa bonita con su techo a dos aguas de color rojo furioso, pero algo excéntrica por dentro. 



Esa es la casa de los eucaliptus, la del barrio lleno de flores, esa casa bonita con su techo a dos aguas de color rojo furioso, pero algo excéntrica por dentro. Alguna vez leí una nota en el diario que decía que estaba en un país inventado, no señores, es esa y es aquí el lugar. Cierta vez se contaban historias de quien vivía allí, eran temas de amor y otros demonios y digo otros porque, según se sabe, la dueña era en sí un demonio amando, alguien que recibió el cobijo de sus brazos exclamó "es la que tiene sed, de amor y de amar". Lo cierto es que la ocasión dio para esa nota periodística de la que todo el mundo habló, su hermano Julián dijo, son cosas que no quiero saber, tengo la esperanza que esto se resuelva cuando ya no importe el hecho.

Era una casa hermosa con su techo rojo a dos aguas y una bella galería en su frente que invitaba a sentarse a disfrutar de las tardes apacibles de primavera, la brisa que te golpea el rostro y te acerca el aroma de los eucaliptus, mezclado con el de las flores que abundan en el barrio, margaritas, montoneras, gladiolos, eran parte del colorido de esa urbe. Por dentro la casa de Judith era confortable, sus muebles en algarrobo todo decorado en un estilo country, a la derecha disponía de una cómoda sala para disfrutar de una buena película o quizás escuchar esa música que tanto la deleitaba, los blues, como le gustaba escucharlo a todo volumen.

A Judith no se le conoce a una profesión, pero ella siempre vistió elegante con prendas a la vanguardia,  así fue que un día se dirigió al banco para realizar un trámite, al salir sintió en su garganta un deseo que con la complicidad de los aromas florales que habitaban en el aire, provocaron que cerrara sus ojos y en su interior se despertaron unas ganas de beber algo, por lo que decidió ir a tomar un café, comenzó a caminar y notó que una presencia empezaba a molestarla, siguió sus pasos hacia un bar cercano, tratando de no mostrar nerviosismo, o que esa presencia la estaba inquietando, en la esquina debió detenerse, pues el semáforo le indicaba que no podía cruzar, cuando cambió la luz de color cruzó la calle algo nerviosa, así que aprovechó una gran vidriera de un local en la esquina, justo a su frente para tratar de mirar quién la seguía, era un caballero alto, de cabello oscuro, elegantemente vestido que la seguía como atraído por las fragancias frutales del perfume de Judith, ella siguió su ruta al bar cercano, y cuando se da cuenta, el caballero ya la había alcanzado, ni bien estuvo a su par la miró y le dijo:

Marco Antonio:  buen día, vi que estaba en el banco, pudo hacer el trámite que necesitaba?

Judith: Buen día, respondió algo nerviosa, sí muchas gracias. 

M.A.: Perdón me llamo Marco Antonio, soy el gerente de la sucursal del banco.

J: Mucho gusto, yo soy Judith, la de la casa de los eucaliptus y techo rojo.

Así fue que Marco Antonio la invitó a Judith a compartir un café en el bar que estaba a media cuadra, 50 metros fueron suficientes para que el gerente bancario quedara prendado de la belleza de Judith, era perfecta, hasta su perfume era apropiado para el día y la personalidad femenina de ella. Llegaron al bar, el ambiente estaba inundado de perfume de café que combinaba con la exquisita fragancia femenina, suave pero persistente, en cambio Marco Antonio ese día vestido con un traje marrón tabaco, perfumaba el aire con una fragancia amaderada, que resaltaban la personalidad del gerente, la música suave, Marco Antonio con un giro de cabeza logró divisar una mesa desocupada y allí invitó a sentarse a quién acababa de ganarle el corazón. No se había sentido tan nervioso desde su adolescencia, hasta comenzó a sentir temor que Judith lo rechazara, fue un diálogo ameno, se podía observar que ambos estaban disfrutando del momento. De pronto Marco Antonio mira su reloj y nota el tiempo que había pasado, entonces le dice que debe volver a su trabajo, que quedó encantado con ella y que le gustaría volver a verla, mete su mano en el bolsillo interior del traje, toma una tarjeta personal y se la ofrece mientras le decía que si necesitaba algo no dudara en llamarlo, la tomó del brazo, le dio un beso en la mejilla y se retiró pensando mientras caminaba en la belleza de Judith, verdaderamente quedó atrapado en sus pensamientos, sintiendo algunos cosquilleos en su cuerpo. La esbelta rubia quedó pensativa pero fascinada de la personalidad de Marco Antonio, algo despertó en ella ese femenino deseo de posesión. No sabía cómo, pero debía pensar alguna estrategia para verlo de nuevo, ella lo sedujo y también se sintió incitada por las miradas de Marco Antonio.


Gustavo