martes, 25 de abril de 2023 abril 25, 2023

HACIA LA LIBERTAD

 


Al recibir su itinerario, sintió el impacto de la certeza. Certeza de la que carecía hacía ya algún tiempo. Los ansiolíticos ya no atenuaban su sistema nervioso y los somníferos generaban el efecto contrario al esperado. Volvió a  leer, intentando memorizar. Sintió libertad. En sus largas noches de insomnio, cuando se le agotaban los tormentos y los castigos a su desdichada alma, pidió una señal. Sin saber bien a quien le pedía tal prodigio, la pidió de igual manera. Sí, eso era libertad. Sonrió.

Estaba conforme con su decisión, era acertada. 

Debía desintoxicarse, sabía que no pasaría una prueba sorpresa, no quería arruinar el plan que pondría en marcha justo antes de que comience. En las requisas ya no hallaría la libertad buscada.

El insomnio no cedió,  pero esa semana esto no lo fastidió. Preparo todo meticulosamente, ropa lavada y acomodada, departamento limpio, las cuentas pagas, los portarretratos de pie cual juez dictatorial que le recordaba lo que alguna vez fue. Lo que alguna vez fueron. Estaba a miles de kilómetros de lo que veía. Le costaba reconocer las escenas, ordenar la memoria.

La mañana señalada se bañó y se preparó con el esmero que había perdido en algún rincón. Mientras tomaba su café se contempló en el espejo y se halló impecable. Su rostro tenía signos de batallas perdidas, pero se vio apuesto. Temió arrepentirse. Se apartó de su propia imagen, tomó su bolso y salió sin mirar atrás. 

Al llegar al enorme edificio volvió a sentirse diminuto y gigante, como aquella vez que ingreso convertido en el mejor piloto de su compañía. Era un piloto respetado, si todos supieran el error moral de ello.

La seguridad de ese martes se había, por lo menos, triplicado. Era de esperarse, pero no pudo contener la risa que eso le generaba. Ese día volaría sin copiloto y la tripulación de cabina estría reservada para un grupo de policías especializados en desempeñar ese rol. No los conocía, la suerte estaba de su lado.

Parado al lado del avión, observo a lo lejos el camión que transportaba a los convictos más peligrosos de la ciudad, que debían ser trasladados a la cárcel de máxima seguridad de Tierra del fuego, para que terminaran sus días rodeados de frío y mar.

Descendieron desafiantes,  encadenados de pies y manos, con sus ridículos trajes anaranjados. Pedazos de mierdas. Subió el preso número veintitrés,  subió la tripulación y por último él.

Realizo los chequeos de rutina, hablo con la torre de control y solicito los permisos necesarios para el despegue. Carreteó los 1200 metros de pista y comenzó el ascenso. Qué acto sublime. Logró ser lo que siempre había soñado, un piloto con muchas horas de vuelo en su haber, con un legajo impecable, un tipo respetado. ¿Eso era estar en equilibrio? El equilibrio lo lograba la máquina que piloteaba, pero no él. Le faltaban unas pocas millas para volar sobre el océano y se encontraba en paz. Contemplo la imagen y encontró belleza. 

Apago las turbinas, apago el radar, direccionó la palanca de comando hacia el mar.

Los gritos de esas escorias fue dulce música para sus oídos. Imaginó los rostros de horror y se supo justiciero de todas las víctimas que fueron presas de ellos en una jugada macabra del destino. Hoy ellos eran las víctimas. Víctimas de sus deseos, de sus decisiones. 

En caída libre, sintió que hacía un bien a la humanidad convirtiendo en comida podrida para tiburones a esos seres nefastos. En picada hacia el mar se sintió el mejor de los equilibristas, se sintió en libertad.

Carla

Fobia

 



Estaba transpirado, como si hubiera corrido varias cuadras a gran velocidad, agitado, sus ojos medio perdidos. Miguel pasaba por esto desde niño, a medida que fue creciendo los síntomas fueron acompañando su cuerpo y su psiquis, pues también iban creciendo. 

Ese día, aprovechando la visita de su sobrino que vino de viaje a verlo, lo llevó a conocer la capilla Buffo, comenzaron a caminar en el exterior de la ermita, y en su parte trasera ven una escalera de material, angosta y con sus peldaños elevados que finalizaban en el pequeño campanario, que vaya a saber en que época tuvo que ceder su campana dejando de sonar en las pintorescas sierras unquillenses. 

Enfrentó las gradas, llegó al tercer escalón y frenó de golpe, cual mano invisible lo detuviera sin esfuerzo. Otra vez el pánico, nuevamente como cuando niño, los síntomas de agitación, a la transpiración se sumó la pérdida del equilibrio. Inmediatamente vino a su memoria las veces que su hermano se acercaba al balcón de su casa y esos síntomas que se potenciaban hasta esquivar  la vista para no tener que verlo si fuera a caer al vacío, también recordó sus visitas al terapeuta y la negativa a tratar esa acrofobia que no para de crecer y tanto daño le hace.


Gustavo


sábado, 22 de abril de 2023 abril 22, 2023

Borges

 




El amor en los tiempos de las redes sociales…

 



Ella estaba sentada una vez más frente al fuego, como tantas otras veces se sentía incomprendida y abandonada.

Busco en las redes alguien con quien compartir su soledad, a pesar de estar rodeada de gente.

Deambula como tantas otras veces por diferentes perfiles. Descubrió un perfil con mucha poesía que escribía su dueño.

Pudo ver en esas rimas soledad, amor no correspondido, dolor.

Se sentía reflejada en esos versos, esperaba ansiosa cada noche para leer nuevamente lo que expresaba aquel desconocido, que podía poner en palabras todos sus sentimientos, que de una u otra manera la representaban.

Tímidamente, ella también comenzó a escribir algunas rimas. Todo el amor no correspondido plasmado noche a noche en la pantalla, solo por unos momentos ya que ella sabía que no podían quedar ahí.

Lo que nunca imaginó es que aquel desconocido los capturaba noche a noche para guardarlos como un tesoro en la memoria de su perfil.

                                      Mía.


Prințul (El príncipe)

 


Año 1456, Rumania. En la región de Valaquia gobernaba Vlad III, quien ostentaba el título de príncipe. Entre los lugareños, sin embargo, se lo conocía como Alaric, pues sabían que era un hombre de una bondad inusitada, «más bueno que el Quaker».

Su morada distaba mucho de su carácter: el castillo se alzaba sobre un risco de piedra caliza como una garra negra que intentara arañar el cielo de Valaquia. Sus treinta habitaciones eran un laberinto de sombras donde el viento aullaba a través de las gárgolas de piedra. Los techos, de un azabache profundo, terminaban en agujas góticas tan afiladas que parecían listas para empalar a las nubes. Era una mole de silencio y piedra que intimidaba incluso a los lobos de la región.

Sus detractores, con el fin de restarle importancia y hacerlo enfurecer, lo degradaron al rango de Conde. Lo cierto es que Alaric estaba dotado de ciertos poderes que lo hacían inmortal, un hecho que, con el tiempo, pasó a formar parte del folclore popular. Debido a esto, se organizaban incursiones frecuentes para matarlo; sospecho que lo hacían más por envidia de su longevidad que por verdadera justicia.

El ritual de ejecución exigía precisión: debían abrir el féretro donde Alaric descansaba durante las horas del día. Esto siempre lo despertaba de muy mal humor debido a la interrupción del descanso. Con el correr de los siglos, el príncipe se volvió un ser ansioso; no solo debía lidiar con su intolerancia a la luz solar, sino también con la paranoia de estar siempre alerta para preservar su cuello.

Una mañana, agotado tras sus andanzas nocturnas, se sumió en un sueño tan profundo que no sintió cuando abrieron su féretro. Los intrusos eran el profesor John Claire y su fiel ayudante, Thomas Curtis. Con el recinto abierto, el profesor apoyó una estaca de madera especial sobre el pecho de Alaric mientras sostenía un mazo pesado con la otra mano. El golpe fue seco y certero. En ese instante, de entre las ropas del príncipe brotó un chorro de sangre púrpura que salpicó a los presentes.

Alaric, impulsado por un dolor agudo y una furia ciega, se incorporó de un salto y estiró las manos para atrapar a sus verdugos. Curtis, que llevaba las herramientas en una saca de cuero, no había olvidado nada, ni siquiera los ajos. En medio del pánico, el profesor Claire metió la mano en la bolsa buscando el bulbo protector, pero sus dedos nerviosos apretaron un objeto distinto que alguien había dejado allí por error la noche anterior: medio limón.

El jugo cítrico voló directo a los ojos del vampiro.

—¡¡AAhhhh, mama dracului!! —rugió Alaric.

Salió del cajón de un salto, con los ojos llorosos y un ardor insoportable. El sabor ácido en la boca le provocaba arcadas y su rostro se contraía en muecas involuntarias mientras intentaba limpiarse con las manos. Una vez que el sufrimiento amainó, Alaric comprendió la situación. Sabía que, si no intervenía, aquella escena ridícula quedaría plasmada en las memorias del profesor.

—Les ordeno que se acerquen —sentenció Alaric con una gravedad herida.

El profesor y su ayudante, que intentaba esconderse tras su maestro, obedecieron temblando.

—Tomen asiento —ordenó el príncipe—. Esto es inaceptable. Lo que acaba de ocurrir no puede saberlo nadie. Les ofrezco un trato.

Claire y Curtis se miraron, incrédulos ante la surrealista hospitalidad de su víctima.

—Usted dirá —balbuceó el profesor.

—Les propongo que vengan a visitarme cuando quieran; nada les pasará. Les contaré mi verdadera historia para que la escriban y se hagan famosos, pero bajo una condición.

—¿Cuál? —preguntó el profesor.

—Deberán cambiar algunos aspectos de este encuentro.

—Entiendo —aseveró Claire—. Así se hará.

Y así fue como, con un apretón de manos, sellaron un pacto que derivó en una larga amistad. Desde aquel día, la literatura retrató a Alaric como un vampiro sanguinario y cruel, oriundo de Transilvania, que propinaba un trato inhumano a sus enemigos. Al fin y al cabo, esa fue la única forma que encontraron para salvar la reputación y la trayectoria del príncipe de la vergüenza de un limón.

jueves, 20 de abril de 2023 abril 20, 2023

A 80 años de "El Principito".

 El 6 de abril de 1943, en París, Francia, en plena Segunda Guerra Mundial, se editaba una de las obras mas simples y contundentes de la literatura universal, ese día veía la luz "El Principito". Nada hacía prever que el aviador francés Antoine de Saint-Exupéry fuera a regalarle al mundo una de sus obras literarias mas conocidas. Mas afecto a la aviación que a la literatura pasaba mas tiempo en el aire que en su estudio. Cuando en 1932 comienza su carrera literaria lo hace para reflejar sus experiencias y aventuras de vuelo.




Para todos los amantes de "El Principito", ¿a que no sabían que "La Rosa" no era solo un personaje cualquiera? Este personaje resulta ser la salvadoreña Consuelo Suncín, esposa de Antoine de Saint Exupery, mujer controversial considerada por algunos una mujer adelantada a su época y para otros, una mujer con vocación "puteril" (así dicen los libros).
Hija de un General dueño de fincas cafetaleras, a los 18 años consigue una beca y se va a Estados Unidos a estudiar inglés; esto dice mucho de ella, ya que salir de su casa en esa época era algo muy mal visto. Se casa con un militar mexicano, aunque después se supo que solo era un vendedor de pinturas caseras.
Consuelo decide divorciarse meses antes de que su esposo muriera en un accidente de ferrocarril.
Viuda y con ganas de comerse al mundo, llega a México con una carta de recomendación y solicita entrevistarse con José Vasconcelos, si, el mismo que dijo “por mi raza hablará el espíritu”; este personaje la hace esperar por dos horas y cuando al fin la recibe, le dice: “una mujer bonita, joven y viuda no necesita trabajar, puede ganarse la vida con sus encantos”.
Consuelo insiste en una segunda entrevista y aunque Vasconcelos no le da el empleo, le ayuda para estudiar Derecho, se enamora de ella y tienen un romance de esos con notas de mil colores.
La lleva a París y conoce al prosista guatemalteco Enrique Gómez Carrillo, quien en su tiempo era considerado el más exitoso escritor latinoamericano. Consuelo lo abandona y se casa con Gómez Carrillo.




Despechado, Vasconcelos le dedica varias páginas en sus memorias y dice que el romance con el príncipe de los cronistas es debido a la vocación "puteril" de su amada.
Vuelve a quedar viuda pero ahora con mucho dinero, así que bonita, joven, viuda y con mucho dinero, viaja a Buenos Aires a liquidar las propiedades de su difunto marido y ahí conoce a Antoine de Saint Exúpery. Lo de ellos fue amor a primera vista, él la invita a volar y ahí suceden una serie de incidentes pero Consuelo mantiene a raya a Antoine (Creo que ella me ha domesticado, dice Saint Exúpery. ¿Les suena?).
Se casan en contra de la voluntad de la familia del escritor ya que era odiada por la sociedad francesa por el hecho de ser extranjera, "venida de quien sabe dónde”. En realidad no le perdonaban que una mujer viuda y de origen indígena se ganara el corazón del escritor más famoso de Francia. La familia Saint Exúpery era terriblemente antisemita y para ellos ese matrimonio era peor aún que casarse con una judía. La única defensora de Consuelo fue su suegra y según sus propias palabras: “si su hijo la amaba, ella la amaba”.
Consuelo y Antoine vivieron 13 años de matrimonio intenso, él con sus frecuentes viajes, el gusto por la vida bohemia y sus múltiples infidelidades (“Vete a ver las rosas, que así comprenderás que la tuya es única en el mundo”. ¿Les vuelve a sonar?).
Según palabras de ella, ser la esposa de un piloto fue un suplicio, pero serlo de un escritor, fue un verdadero martirio. A pesar de sus peleas siempre estaban al pendiente uno del otro, ella era asmática como "La Rosa" (que tosía) y el Principito la tenía en un capelo para que no le pasara nada.
La sociedad francesa trató de no relacionar su nombre con el escritor y le propinaron tremendos desaires, y fue hasta hace pocos años que reconocieron que sin su influencia, El Principito no habría sido escrito....



Tarde de parque

 


Después de larga ausencia y una tarde de presencia ,acompañada de silencio.

Se atrevió a preguntarle 


-¿ Cuanto escribiste pensando en mi?


Lo miro y contesto.

- Ni una letra de lo que escribo es pensando en ti.

El, es quien en mi inspira

Sentimientos, sensaciones. 

Él solo Él es quien da equilibrio a mi ser y no me deja caer .

Él es mi balancín cuando el puente se me sacude y no hay de donde aferrarse, todo es vértigo y abismo .

Mi inspiración a él pertenece.

Respondio ,mirando a los ojos, total sinceridad como es ella .

Tras un suspiro  siguió hablando  

-Vos eres un placebo,  suples lo que por la distancia él no puede dar .Eres buen sacador de estrés y nesecitaba eso . Después de todo lo vivido ayer. Si no te gusta mi respuesta, tons no hagas preguntas. 

El trago en seco la abrazo y siguieron mirando el paisaje en silencio sentados en el banco de ese parque ,en una bella tarde de otoño.


                 Anahí

jueves, 13 de abril de 2023 abril 13, 2023

Caminando la City

 



La City es un rugido constante. Camino serpenteando entre el tumulto, el estallido de los frenos de los colectivos y un coro de bocinas que no da tregua. El grito del canillita me golpea los oídos hasta aturdirme. En este asfalto, el cerebro reptiliano toma el mando: te vuelves salvaje, esquivas amenazas y te proteges de los gigantescos dinosaurios de metal que dominan las avenidas. Es una coreografía de supervivencia nerviosa.

De pronto, el caos se vuelve invisible ante un vacío.

En el umbral de una casa, un joven permanece inmóvil. Es una estatua de miseria: flaco, envuelto en ropas que son apenas harapos sucios y malolientes. Mientras el mundo corre, él tiene la mirada clavada en la cima de los edificios, buscando en las alturas algún sentido o un milagro que lo arranque de su padecimiento.

El contraste es brutal. A su alrededor, la ciudad no se detiene: transeúntes, bicicletas y autos fluyen como un río indiferente que incluso lo salpica al pisar un charco. Para el resto, él es aire. Nadie lo ve, excepto yo, que por un segundo detengo mi inercia antes de seguir de largo. Estamos, irremediablemente, en la ciudad de la furia.

Gustavo Restivo

El espejo

 


Era una noche tormentosa, rayos, truenos, viento, la verdad casi no pude dormir, cuando de repente suena el despertador, me siento en la cama, molido del cansancio por no haber pegado un ojo en toda la noche, me levanto y voy a baño a lavarme la cara, me paro frente a la pileta y miro al espejo, la sorpresa hizo que abra más mis ojos, pues veía a otra persona, me refregaba mis ojos pensando estoy soñando, pero no él estaba ahí, mirándome como si hubiera bajado del cielo para hacerme pasar un macabro momento, o tal vez darme un mensaje del más allá, si era él Freddie Mercury, la verdad me costaba creer verme con bigotes y pelo oscuro, no soy así pensé, de pronto comienza a hablarme, trato de entender acerco mi cara y casi pego el oído al espejo tratando de escuchar.

-          Freddie Mercury: Hi, me dijo.

-          Yo: Hi, respondí.

-          FM: Do you…

-          Yo: No hablo inglés, le dije interrumpiéndolo.

-          FM: Ok, te hablo en español, me respondió.

-          Yo: Bueno respondí, me sentía cada vez más confundido, mis ojos más grandes ya no podían abrirse, me resultaba una ilusión estar hablando con Freddie Mercury o su imagen, los músculos de la cara estaban tensionados, no sé cómo pude contestar a lo que escuchaba, el mentón me temblaba.

-          FM: Tranquilo expresó, hasta la imagen se daba cuenta de mi susto. Se que estás averiguando cosas de mí, quiero que sepas algo, mi relación con Mary, era demasiado seria, pura y hermosa, Mary Austin es el verdadero amor de mi vida.

-          Yo: Yo solo quiero hacer un podcast tuyo y de Mary balbucee.

-          FM: Tómalo bien en serio, te repito Mary es el amor de mi vida, como pareja viví los mejores seis años de mi vida, luego seguí siendo feliz, pero sin ella a mi lado. En los sesenta, la gente no estaba preparada para esta conversación, era todo blanco o negro, hoy es más fácil decir que te pasa, que sentís, y aún nos falta madurar mucho para llegar a una charla plena, sin prejuzgar.  Mary me amaba, me aceptó tal como soy, ella de antes que yo le confesara mi sexualidad lo sabía, y me acepto así, amaba mi esencia, por eso no pretendía cambiarme, amaba a éste Freddie, tanto que hasta discutíamos y me retaba muchas veces por que me quería bien. Uno puede querer de muchas maneras, pero ella me quería bien.

-          Yo: Le hiciste una canción.

-          FM: Si, por eso le dediqué “Love of my live”, mis otros novios me preguntaban porque no pueden ocupar ese lugar, Ella es todo para mí.  Mary salía con Brian May antes de conocernos, cuando la vi quedé prendado con ella, no sabía que hacer, se lo confesé a Brian, teníamos una hermosa amistad, le pedí permiso para invitarla a salir y él no se opuso, todo fue muy rápido, iba a verla a su trabajo, me llenaba de felicidad estar a su lado, pasaron varios meses y me animé a invitarla, fue muy difícil para mí porque no sabía cómo iba a reaccionar ella, sin embargo, aceptó y por suerte al poco tiempo ya estábamos viviendo juntos, me acompañaba al estudio mientras grababa, o en esas interminables noches que pasaba componiendo. Un día le propuse matrimonio y le regalé un anillo de jade, no lo dudó, me dijo si inmediatamente, después no sé qué pasó, el tiempo se fue y yo no concreté, ella hasta tenía un vestido que iba a comprar para ese momento, algo me distraía por eso no cerré esa etapa, en realidad una pregunta me atormentaba, este casamiento, ¿era justo para ella? Me lo preguntaba a cada rato, me tranquilizaba que había aceptado casarse, pero sentía que no era justo, no iba a ser feliz en toda su plenitud. Un día le dije, creo que soy bisexual, me respondió no sos bisexual, sos gay. Allí se produjo algo mágico, se terminó nuestra convivencia, pero nuestro amor se selló definitivamente, ambos sabíamos que era el más puro amor y que podíamos hablar con una sinceridad extrema.

-          Yo: Ella después se casó.

-          FM: Si, tuvo tres hijos, y soy padrino del primero de ellos. Nada impidió nuestra relación, ni aún sus matrimonios, porque se casó dos veces, ambos sabíamos que podíamos contar con el otro. Sólo te pido que trates el tema con seriedad y respeto.

-          Yo: Si obvio, así va a ser, dije.

Luego siguió hablando, pero no ya escucho nada, trato de entender, pero no, mojé mi cara entre sorprendido y con algo de miedo, estaba tomando conciencia que lo había pasado, vuelvo a mirar y no estaba ahí, ahora era yo, miré el resto del baño y nada, suspiré y trate de tranquilizarme un poco creyendo que mi inconsciente me recordaba el trabajo de hoy, me sentí feliz, ahora más distendido, sé que estará conforme con el podcast que tengo pensado hacer y eso me hace sentir que será un trabajo genial, que trascenderá a todo lo que hice antes.

Gustavo

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