La
ciudad comenzó a vestirse de promociones y ofertas por el día de la madre y los
encuentros entre Marco Antonio y Judith fueron cada vez más frecuentes, a veces
hasta tres veces por semana. Judith no dejaba pasar oportunidad para seducir a
Marco Antonio, esto era algo que fascinaba al banquero y él retribuía de manera
generosa, en una ocasión golpearon la puerta de la casa de Judith, era cerca de
las 10 de la mañana, Marco Antonio se había escapado de su trabajo para ir a
ver a Judith y darle una sorpresa. Judith desde el living de la casa alcanzó a
ver que era el banquero quién llamaba, se acomoda su ropa interior, se pone una
capa de encaje y abre la puerta, Marco Antonio ingresó a la casa, la saludó con
un beso y en su mano tenía un pequeño paquete que obsequió a Judith, en ese
momento el grado de exaltación de la rubia fue tal, que no pudo contener la
ansiedad de ver de qué se trataba, Judith le agradeció el regalo con otro beso,
lo abrazó y lo apretó contra su cuerpo;
Marco Antonio podía percibir cada centímetro del cuerpo de ella, las curvas;
las zonas erógenas de Judith estaban afiebradas, abrió el obsequio rompiendo el
papel y una caja aterciopelada, anticipaba la presencia de una joya en su
interior, al abrir la caja un aplique de raso resaltaba un collar de oro blanco
con una piedra engarzada, Judith explotó de alegría, lo tomó de la mano y con
un andar sensual, lo llevó al dormitorio. Pasaron tres horas en un instante,
casi que ni percibieron el paso del tiempo, Marco Antonio miró su reloj, dio un
salto de la cama y se duchó rápidamente, debía volver al trabajo y la mañana se
le escapó de las manos. Sale del baño, se vistió apresuradamente y se despidió
con un beso, ya en el hall de entrada le dijo a Judith que la ama.
Marco
Antonio ante la presencia de Judith se encontraba en una situación inmanejable,
ya le resultaba difícil tener el dominio de las pasiones y el deseo de estar a
cada momento con ella. Los encuentros siguen cada vez más y más prolongado en
el tiempo cada uno, con cada visita aumentaban las pasiones de su relación,
estas se volvieron más intensas, en ese dormitorio experimentaban e innovaban, y
eso lo perdía a Marco Antonio, sacándolo de su eje y volviéndolo impulsivo.
El día
domingo, en la soledad de su casa, Marco Antonio comenzó a reflexionar sobre su
relación con Judith, la imagen de ella era algo cada vez más presente y más
intenso en sus pensamientos, así es que comenzó a preguntarse si estaba bien
que así fuera, si era correcto lo que estaban experimentando ambos, en ese
momento vino a su memoria una oportunidad que se encontraron en Le Village para
tomar algo, como siempre a las dieciocho horas, compartieron unos tragos y
salieron del bar, subieron al auto de Marco Antonio, y fueron a pasear por la
ciudad, de pronto tomó la autovía y se dirigió al Gran Lago, distante unos cuarenta
kilómetros de la ciudad, las charlas de ambos, generalmente terminaban en
risas, insinuaciones y caricias, al llegar al Gran Lago se ve un impresionante
espejo de agua rodeado de montañas majestuosas, verdes, imponentes, las
montañas más alejadas conservaban en su cumbre manchas blancas, eran resabios
de hielo que se entremezclaban con el verde de las pasturas y éstas bajaban
hasta el último rincón de sus valles, el sol poco a poco se iba escondiendo,
rojo como enfurecido y su reflejo en el agua generaba contrastes de colores que
invitaban a deleitarse en una cabaña y dejarse atrapar por tamaña naturaleza.
Ambos
estaban absortos con el paisaje dentro del auto, con los asientos ligeramente
reclinados, mirando esa postal natural desde un mirador que ofrecía la belleza
del Gran Lago. Judith estaba exaltada, se fueron despertando paulatinamente sus
pasionales instintos, por lo que comenzó un juego de caricias y besos hacia
Marco Antonio que hacían más placentero el momento y Judith comienza a bajar
perdiéndose en la cintura de él. La noche ya era una realidad y el banquero la
invitó a pasar la noche juntos en una cabaña, a lo que Judith se negó, pues le
dijo que al día siguiente debería comenzar a trabajar en el armado de la
carpeta, siguieron conversando un rato más. Marco Antonio encendió el motor del
auto y emprendió el regreso a la ciudad. Una vez en la casa de Judith, se
despidieron con un beso y ella le dice que el encuentro fue intenso y
maravilloso como cada vez que se ven. Marco Antonio le agradeció y le confesó
que en cada uno de sus pensamientos ella está presente y que se siente
enamorado de ella. Luego de esto Marco Antonio se fue.
Un ruido
fuera de la casa hizo que Marco Antonio volviera en sí, sacándolo de sus
recuerdos, en su fuero interno comenzó a asumir que estaba perdido por la encantadora
personalidad y la belleza de Judith.
En otra parte de la ciudad Julián, el hermano de
Judith, se reúne con un contador amigo y comenzaron a coordinar tareas y
documentos a conseguir para el armado de la carpeta del crédito que gestionará
Judith. Luego Julián fue a la casa de Judith y le explicó cómo se conseguirían lo
documentos exigidos por el banco.
Gustavo




Excelente
ResponderEliminarMuy bueno Gustavo! Sigo paso a paso cada capítulo!
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